Algo está cambiando en el mercado laboral español y los datos empiezan a confirmarlo. Por primera vez en décadas, la economía española está siendo capaz de crear empleo de forma intensa al mismo tiempo que mejora su productividad, rompiendo un patrón histórico que había lastrado el crecimiento del país durante años.
Tradicionalmente, España generaba mucho empleo en las fases expansivas, pero a costa de reducir la productividad, ya que gran parte del trabajo se concentraba en sectores de bajo valor añadido y alta temporalidad. En las crisis ocurría justo lo contrario: se destruían millones de puestos de trabajo y la productividad repuntaba de forma artificial. Desde la pandemia, este comportamiento parece estar cambiando.
Según los últimos análisis del Observatorio de Productividad y Competitividad en España, impulsado por la Fundación BBVA y el Ivie, la productividad total de los factores ha crecido de forma sostenida desde 2020, situando a España por encima de la media europea y contrastando con el estancamiento o retroceso de economías como Alemania o Francia. Este indicador refleja no solo más empleo o más inversión, sino un uso más eficiente de los recursos productivos.
Detrás de esta evolución hay un cambio relevante en la composición del empleo. Aunque sectores como la hostelería, el turismo o el comercio siguen siendo importantes, el crecimiento relativo del empleo se está concentrando cada vez más en actividades de mayor valor añadido y salarios más altos, como la sanidad, los servicios profesionales, la investigación, la ciencia o la tecnología. Esto está permitiendo que el empleo crezca sin penalizar la productividad, algo poco habitual en la historia reciente de la economía española.
Desde CaixaBank Research destacan que la recuperación tras la pandemia no solo ha sido intensa en términos cuantitativos, sino también cualitativos, con un mercado laboral más estable y una mayor presencia de sectores productivos avanzados. Este cambio sectorial ayuda a explicar por qué España está creciendo a mayor ritmo que otras grandes economías europeas, incluso en un contexto de incertidumbre internacional.
Los expertos coinciden en que el giro aún es incipiente y no está exento de riesgos. Persisten problemas estructurales como la precariedad en determinados sectores o la dependencia de actividades intensivas en mano de obra. Sin embargo, los datos sugieren que el modelo productivo podría estar evolucionando hacia uno más equilibrado, donde el crecimiento no dependa únicamente de crear más empleo, sino de crear mejor empleo.
La gran incógnita es si este nuevo patrón se consolidará en el tiempo o si se trata de un ciclo temporal que podría revertirse en la próxima crisis. Por ahora, las señales apuntan a que algo se está cociendo en el mercado laboral español y que, por primera vez en mucho tiempo, la economía parece avanzar en una dirección diferente.
